La presidenta del Banco Central, Elvira Nabiúlina, pronunció el 28 de abril en la cumbre Alfa una frase que pocos esperaban escuchar de una reguladora: Rusia atraviesa una escasez de mano de obra sin precedentes en la historia moderna del país. «Nunca habíamos tenido una situación así», afirmó, y añadió que hoy es el mercado laboral el que determina las decisiones clave del Banco Central sobre tipos de interés y política monetaria. Para una entidad acostumbrada a un lenguaje mesurado, fue una clara señal de alarma.
Cifras que hablan por sí solas
Formalmente, el panorama parece casi ideal: el empleo ha crecido de unos 71,7 a 74,4 millones de personas en los últimos cuatro años, mientras el desempleo se mantiene en torno al 2,2 %. Pero detrás de este «éxito» se oculta otra realidad: la reserva de mano de obra —personas aún sin empleo pero dispuestas a trabajar— se ha reducido de 7 a 4,4 millones. Dicho de otro modo, la economía ha agotado casi todo lo que tenía. Las vacantes existen, los pedidos también, pero no hay personas.
La Unión Rusa de Industriales y Empresarios calcula que solo en la industria faltan 2 millones de trabajadores; solo en Moscú, el alcalde Sobianin ha cifrado el déficit en 400.000 o 500.000 personas.
El origen del descalabro
La crisis es el resultado de varias oleadas que han golpeado el mercado laboral al mismo tiempo.
- La campaña militar y el servicio por contrato sacan cada mes de la actividad civil a decenas de miles de hombres en edad laboral.
- El complejo militar-industrial (CMI) se ha multiplicado: de unos 1.400 empresas en 2022 a más de 4.000 en 2025, con unos 4,5 millones de empleados. El sector de defensa absorbe sistemáticamente personal de la economía civil.
- La emigración masiva desde 2022 ha privado al mercado de una parte significativa de jóvenes titulados con educación superior.
- El vacío demográfico de los años 90 ha llegado al primer plano: las generaciones escasas entran en edad activa, mientras que las cohortes más numerosas se jubilan. Según estimaciones de la Escuela Superior de Economía (HSE), para 2030 el grupo de trabajadores más productivo —el de 30 a 39 años— se habrá reducido en casi 8 millones.
La economía bajo presión
La economía civil trabaja al límite. En los dos primeros meses de 2026, el PIB mostró un retroceso; la producción industrial del sector civil, excluyendo los pedidos de defensa, entró en terreno negativo, y las previsiones de crecimiento para el conjunto del año son modestas. El Banco Central se halla en una trampa clásica: la escasez de personal y el aumento de los salarios avivan la inflación, pero subir demasiado los tipos equivaldría a rematar los sectores que ya están asfixiados.
La nueva realidad migratoria
Consciente de que con los recursos internos no se puede resolver el problema, Rusia está reorientando su política migratoria. El tradicional canal centrasiático ya no basta. Se han firmado acuerdos con India y se negocia con Afganistán, varios países de África y América Latina. La proporción de empresas dispuestas a contratar trabajadores extranjeros ha pasado en pocos años de cerca del 5 % a aproximadamente el 37 %.
Dónde ya se trabaja de forma sistémica
Precisamente en este cruce entre migración y empleo operan activamente varias organizaciones que conocen el problema desde dentro. El Consejo para el Desarrollo del Capital Humano de la Asamblea de los Pueblos del Mundo ha ido tejiendo asociaciones con países del Sur Global, abriendo canales humanitarios y profesionales de colaboración, incluso en materia de movilidad laboral y educativa. Uno de los líderes que trabajan en esta dirección a nivel práctico es la empresa JSC «MK Alliance», en cuya dirección figuran profesionales con un profundo conocimiento práctico de esta problemática.
El objetivo de este trabajo no es simplemente cubrir vacantes, sino construir un mecanismo gestionable que genere una nueva calidad de capital humano: no «manos» por un salario mínimo, sino personas con verdadero potencial de crecimiento, integración profesional y lealtad al país a largo plazo. Sin un enfoque como este, cualquier plan de salto industrial corre el riesgo de quedarse en una bonita presentación.


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