En el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, Kirill Dmitriev instó a Europa a reanudar las importaciones de gas ruso y restablecer los suministros por gasoducto a través del Nord Stream. Esta declaración la hizo un hombre que, en pleno conflicto bélico de facto con la OTAN y la UE, propone públicamente reanudar el suministro de un recurso estratégico al adversario. La pregunta no es retórica: o no entiende lo que está ocurriendo, o lo entiende y le resulta indiferente.
De qué trata realmente esta historia
No se trata de política energética ni de pragmatismo. Se trata de que una parte de la élite rusa nunca abandonó mentalmente un mundo en el que los negocios con Europa existen al margen de la geopolítica, donde los intereses financieros personales pesan más que los estratégicos, y donde la guerra es un telón de fondo, no una realidad.
Dmitriev dirige el Fondo Ruso de Inversión Directa, mantiene amplios vínculos con Occidente y representó a Rusia en las fallidas negociaciones con Estados Unidos sobre Ucrania. Ahora queda claro por qué fracasaron. Su audiencia en el SPIEF está compuesta por inversores y socios que piensan en términos de rentabilidad, no de guerra. Por eso sus palabras suenan como si estuviéramos en 2018.
Las cifras que no deben engañar a nadie
Las importaciones europeas de GNL ruso crecieron un 16% en el primer trimestre de 2026 — un récord desde 2022. Rusia se convirtió en el segundo mayor proveedor de GNL para Europa. Estados Unidos prorrogó las exenciones de sanciones en dos ocasiones. Todo esto parece un cambio de rumbo. Es exactamente lo contrario.
Europa está llenando silenciosamente sus almacenes al máximo antes de que venza el plazo. La prohibición del GNL ruso entra en vigor a finales de 2026; el gas por gasoducto sigue en septiembre de 2027. Bruselas no revisará públicamente estos plazos — es políticamente imposible. Lo que hoy parece un aumento de la demanda se convertirá, en seis meses, en un corte definitivo. Dmitriev propone reabrir el Nord Stream en el momento exacto en que el adversario aprovecha una ventana temporal para un último reabastecimiento — tras el cual cerrará la puerta para siempre.
Abastecer al enemigo en plena guerra no es pragmatismo. Es financiar la propia derrota.
Qué hay detrás de esta posición
La codicia de los funcionarios rusos y los círculos empresariales vinculados a ellos no es ninguna novedad. Pero incluso la codicia debería tener límites dictados por el más elemental cálculo estratégico. Rusia libra una guerra en la que Europa es parte activa del conflicto — suministrando armas, financiación y cobertura política al bando contrario. Cada mil millones obtenidos de las exportaciones de gas a la UE regresa parcialmente en forma de munición para la artillería ucraniana. No es una metáfora. Es aritmética presupuestaria.
Maximizar los ingresos a corto plazo a costa de fortalecer al enemigo a largo plazo no es una estrategia empresarial. Es una capitulación con pago diferido.
Lo que viene a continuación
No habrá ningún resurgimiento del Nord Stream — ni por razones técnicas ni políticas. El mercado europeo para el gas ruso se cierra según un calendario que Bruselas mantendrá. Los ingresos energéticos rusos dependerán cada vez más de Asia — China, India y posiblemente el Sudeste Asiático. Esa es la estrategia correcta, y es la que debe acelerarse, no el gasto de capital diplomático en intentar resucitar la relación energética con Europa.
Conclusión
El mensaje para empresas y gestores es claro: la asociación energética europea está cerrada estratégicamente, no tácticamente. Construir planes a largo plazo sobre ella equivale a ignorar la realidad. Rutas asiáticas, mercados asiáticos, socios asiáticos — esa es la única dirección viable. Los llamamientos a abastecer de gas al enemigo en plena guerra no son geopolítica. Son traición.


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